miércoles, agosto 30, 2006


Creo que he heredado tu insomnio, es tan tarde y no logro dormir.
¿Estarás también despierto?
¿Cuáles serán los ángeles y demonios de turno en tu cama?
Yo imagino una multitud de personas y entre ellos nosotros
caminando hacia un mismo fin: recobrar el tan anhelado sueño.
Esta idea comienza a deformarse, a tomar su propio curso.
Se acomodan las piezas como si se tratara de un ajedrez humano.
Unos pensando, otros contando a sus ya desgastadas ovejas,
todos allí reunidos.
Entonces algo extraño irrumpe en el lugar,
un descuido permite que alguien cuente una oveja
que no pertenecía a su rebaño.
Comienzan a cruzarse cercos ajenos, se pierde el orden y la dirección,
hace su entrada el sin sentido.
¿Será posible que a través de él ocurra lo inesperado?
¿Podrían dos sorprenderse siendo parte de una misma noche?
¿Podría un segundo dar a luz un mismo recuerdo
traído a los ojos por un olor, un tono de luz, un acorde?
¿Será esta la tan codiciada fórmula para recobrar las horas perdidas
en este divagar de ideas sin razón?
Demasiadas cosas se piensan,
recuerdos que llevan de la alegría a la nostalgia,
anhelos, dudas, tristezas, afán, locura.
Todo forma parte de este ineludible juego,
y yo sólo queriendo dormir antes de que el reloj me recuerde
que debo despertar.

¿Dónde se ha ido tu verso?
Se extraña tu palabra hombre triste.
Pierdo tu huella cuando te vuelves silencio,
pero entonces te encuentro en mi piel,
en la calidez de mi vientre.
Te recuerdo haciendo tuya,
a fuerza de piel,
otra piel,
dejando atrás
tu alma en cuerpo de guitarra.

martes, agosto 29, 2006


¿Dónde estás en esta hora en que te recuerdo,
qué lugares conforman tu escenario,
cuál es la luz que ilumina hoy tu frente?
Nada de esto he de saber,
mas para ti quisiera, en este instante,
una suerte de sonrisas de Magdalena,
la presencia cálida de Monserrat tomando tu mano,
un lugar cobijando tu mundo,
un árbol que abrace tu casa.
Quisiera un viaje para reencontrarse con la abuela,
una nota de la madre que recuerde su paso,
el amor que se niega aún cuando se sabe necesario
y tantas otras cosas que podrían
darte la claridad que necesitas para continuar creyendo,
aún cuando has palpado el engaño
y has podido ver claramente su rostro.
Claridad que te permita vivir y ser
aún cuando la palabra te sea esquiva,
aún cuando se dificulte el soñar.

Asoma el día lleno de claridad.
Yo prefiero las tardes frías del otoño,
los días grises como mi alma,
los que me traen el recuerdo de tu verso.
Días en que emerge el sentimiento,
sentimiento en el que dejo plasmada mi piel,
a riesgo de estrellarme nuevamente,
y de quedar mutilada de sueños y alas.

viernes, agosto 25, 2006


La primera vez que lo vi fue hace dos meses camino a casa. Recuerdo haber oido su historia y haberme asombrado por su entereza, sus ganas de vivir, lo agradecido de Dios, su fe, su felicidad a pesar de todo. Hoy volví a encontrarlo…

“En septiembre del año pasado fui con mi esposa al matrimonio de una sobrina. Esa noche apenas pudo sostener la copa en su mano, fue el primer indicio de lo que en ella se estaba gestando.
Un día me llamaron al trabajo, habían encontrado a mi esposa desmayada. Me fui al hospital. Exámenes y pruebas de rigor para un diagnóstico lapidario, dos tumores, uno en el estómago y el otro en el cerebro, habrían de cambiar nuestras vidas para siempre. Se vendrían días difíciles, ella, mi esposa, nunca volvería a ser la misma. Con el pasar del tiempo se iría deteriorando, perdiendo funciones básicas, nada que yo pudiera evitar.
Recuerdo que un día se sentó en su cama y dijo NADIE VIENE AL PADRE SINO POR MÍ, (aludiendo al texto bíblico que se encuentra en el libro de Juan 14:6 b), fue la última vez que oí su voz, sólo entonces comprendí. Tanto tiempo orar por su recuperación creyendo hacer lo correcto y ella ya se había entregado en las manos del Señor. Ahora era mi turno de esperar a que las cosas pasaran como Él dispusiera, si ella ya lo había aceptado sólo faltaba que yo dejara de lado mi egoísmo, ese egoísmo tan humano que me mantenía aferrado a ella sin pensar en su dolor. Debía hacerlo, debía dejar partir a la mujer que amaba. Ya ni siquiera había en su rostro alguna expresión, ninguna señal que pudiera indicarme si sentía dolor o si estaba bien, si estaba triste, enojada o tranquila, no podía comunicarme con ella, saber lo que necesitaba, no contaba con herramientas para poder ayudarla, para hacer más ligera su carga.
Han pasado cinco meses desde que nos dejó, a mí y a nuestra hija que hoy tiene tres años y cuatro meses. Fue difícil para ella entender por qué la mamá ya no estaba en casa y difícil para mí acercarme a mi hija, enseñarle cosas que para una mujer son tan fáciles y naturales de explicar. He debido comenzar de cero, ser muy sutil en mi trato hacia ella, y en eso estamos, aprendiendo ambos.
¿Qué me mantiene tranquilo? La fe en que Dios ha estado todo el tiempo a nuestro lado, que es Él quien me sostiene y me da las fuerzas necesarias para continuar y ser, a pesar de todo, feliz.”

Aún lleva en su mano ese sello que marca el amor infinito hacia quien ya no está pero que sobrevive en él y en su hija. Creo que es ese amor insondable el que le permite sonreír y dar testimonio de lo vivido. Ese amor que se yergue aún más allá de la muerte, aquel que tanto se anhela y que a tan pocas personas toca.
Él es un ejemplo de este amor, ese que creemos perdido porque no hemos tenido la suerte de vivirlo, pero que está y se acerca, nos roza y nos sonríe a través de otros.
Antes de bajar del bus, me miró para despedirse. Creo que ese hombre es de esas personas que ven “a través” y me vio y me sonrió para tocarme con su luz.

martes, agosto 22, 2006


La luz tenue atraviesa la sala de mi alma,
él viene alado en aquel rayo, me toma y me acaricia,
me desnuda con su palabra, me lleva hasta su cama.
Esta noche la amada compañera
ha sido reemplazada por cuerpo de mujer
y su canto por gemidos nacidos de sus manos.
Arranca de mí el aire, se bebe mi aliento.
Quisiera ser más, no para saciar carne y deseo
sino para que en este cuerpo él encontrase lo perdido
y así merecer de su boca un beso.
Quedo anclada a su pecho, me sumerjo en la noche
y revive en sueños.
Él me ata, me estremece, me conmueve.
Cómo no he de querer la vida de su mano,
la misma que ha dado a luz letra, color y melodía.
Cómo no he de querer rescatarlo de la tristeza,
lugar desde donde su sola mirada me ha redimido.

Este cuerpo de mujer frágil
te abraza, te acoge.
Amolda sus espacios para tu estructura de hombre,
para tu gran estatura,
para la carga de dolor que llevas en el alma.
Este cuerpo de mujer, delicado,
se hace fuerte entre tus brazos,
toma posesión de regiones prohibidas,
desnuda tu carne trémula de deseo,
sacia tu sed de vida,
tu avidez de mujer.
Este cuerpo, ahora lejano,
te recuerda, te revive en detalles de luz
y se duerme silencioso
a la espera de tus brazos.

Siento más allá de la piel.
A mi alma le han crecido nuevas alas
y se eleva
hasta posarse en mis recuerdos.
Recuerdos de antiguas calles,
susurros de aromas y soles
que saben a ti.
Mis alas me llevan al recuerdo de tu cuerpo,
y en medio de la noche
vuelven tu voz y tus manos
a conquistar territorios inhóspitos.
Aún no quiero poner pie en tierra
quiero prolongar esta hora,
hora en que eres ,
hora en que me dejo llevar.

lunes, agosto 21, 2006

soledad


He vuelto a poner las barreras que protegían mi todo.
No quiero a nadie invadiendo dominios,
aquél que me dio las llaves del dolor
es el único que sabe cómo abrir puerta y ventana
y feliz me entrego a su celo de hombre solitario
y así, hombre y mujer vamos juntos sin estarlo.

Llegó... Sus ojos tristes, la voz melancólica,
sus palabras honestas, la piel alborotada,
el deseo palpitante.
Su cuerpo y el mío, las campanas...
Sentí mi fragilidad entre sus grandes manos,
mi sangre, su virilidad,
la agonía de poseer su cuerpo
y anhelar intensamente su alma.
Me voy, llevando conmigo instantes
de su paso por mi vida.
Este hombre me ha resucitado de dolores,
se queda con mi tristeza
y yo con la inquietud de nunca haber bebido de su boca.

Mi cuerpo yace entre sus cosas...
Revivo los breves instantes
en que fue él a mi lado,
su abrazo, su bienvenida,
su compañía que tanto agradezco.
He llegado hasta él y no quisiera irme.
Qué tan lejano está de mi sentir,
de mi condición de fémina que reclama su presencia?
Me sumerjo, entonces, en sueños que llevan su nombre.
Me despierto entre sus brazos, su voz me alcanza,
pero llega, ineludible, la triste hora de partir.

jueves, agosto 17, 2006

Él


Este hombre me eleva en cada palabra.
Siento su mano rozándome,
su boca en mi espalda, en mi pecho
y quisiera poseerle en ansia arrebatada,
pero me contengo,
es algo más profundo lo que anhelo,
no quiero el vacío con él,
tenerle hoy y luego no volver a sentirlo.
No quiero su deseo de macho en celo,
necesito su quietud de hombre aterrizado, dolido.
Esta noche en que es ausente
vivo una vida entre sus cosas,
su guitarra, sus historias, sus luces tenues.
Quisiera el amor certero bajo su mirada,
quisiera amarlo y no debo.

No pretendo reconciliar mi presente
con el pasado corrupto que por años enturbió mi vida.
Me colmo de reencuentros llenos de luz,
de descubrir rostros amables que alivian mi camino
y me entrego a la voluntad de los hechos
hoy dirigidos por una persona renovada
que no admite dobleces,
que no piensa, como antes, en el futuro,
que anhela nutrir un presente
cuya prioridad es el sentimiento,
no esta piel que ha bebido de tanto,
sino esta alma olvidada que hoy abre sus alas
emprendiendo vuelo sin destino cierto,
pero con la convicción de no volver a ser mancillada
por el pasado feroz que en otro tiempo intentó negarla.

Dejo en el papel un pasado exhausto.
Renazco bajo otra mirada... forastera.
Viví a un ser que me ha permitido
dar vuelta la pesada página del abandono.
Mi memoria reposa en él,
en su música, su palabra, su dolor,
su compañía que tanto agradezco
y su verso oscuro que ilumina este instante de mi vida.